La vuelta al colegio después de las vacaciones puede ser un momento de cambios para toda la familia. Venimos de horarios más flexibles, días largos, libertad y más tiempo libre, y septiembre llega cargado de nuevas rutinas, responsabilidades y emociones. Tanto los niños y niñas como los adultos necesitamos un período de adaptación para recuperar el ritmo sin que esto se convierta en una fuente de estrés.
La buena noticia es que no es necesario pasar del verano a la rutina de un día para otro. Con pequeños gestos cotidianos, una buena organización y momentos compartidos en familia, la vuelta al cole puede ser una etapa positiva, ilusionante y llena de oportunidades.
En esta entrada encontrarás 14 ideas sencillas (y prácticas) para recuperar la rutina en familia sin perder el juego, el bienestar y el tiempo de calidad compartido con tus hijos e hijas. Y si además quieres arrancar el curso ya con perspectivas de realizar una escapada a la naturaleza, no dudes en consultar nuestras ofertas en nuestros alojamientos.
Recuperar las rutinas de forma progresiva
Las rutinas son imprescindibles para los niños, niñas y jóvenes, ya que les ayuda a estructurarse, a tener más seguridad y a saber qué deben hacer todos los días. Unos días antes de empezar la escuela es recomendable ir ajustando los horarios de sueño, de las comidas y de las actividades diarias.
Hacerlo de forma gradual os facilitará la adaptación y evitará que el primer día de curso sea demasiado exigente o cansado para todas las partes. El objetivo no es que todo sea perfecto, sino ir preparando el cuerpo y la mente para el cambio.
Estas acciones sencillas pueden marcar la diferencia:
- Avanzar la hora de acostarse y despertarse entre 10 y 15 minutos cada día durante la semana previa al inicio de las clases.
- Recuperar los horarios habituales de comidas.
- Comer de forma saludable y equilibrada, empezando por un desayuno que dé energía.
- Reducir las actividades nocturnas que pueden alterar el descanso y priorizar las actividades de relajación .
Las prisas de la mañana pueden convertir los primeros días de la escuela en un pequeño caos. Para evitarlas, podéis preparar algunas cosas la noche anterior. Por ejemplo, dejar lista la ropa, terminar la mochila, organizar el desayuno, elegir los zapatos y la chaqueta, etc.
¡Que no les coja por sorpresa! Días antes de la vuelta a la escuela podéis dar un paseo hasta el centro para recordar el trayecto, identificar los accesos y recordar el paisaje. ¡Esto genera una sensación de familiaridad muy positiva!
Hacer esta visita previa puede aportar calma y confianza, sobre todo si hay niños, niñas y jóvenes que cambian de centro o etapa educativa.
La vuelta a la rutina también implica adaptar los espacios de casa y asegurarnos de que todas las cosas tienen un sitio claro. Desde un espacio para dejar la mochila o guardar los zapatos hasta una zona ordenada donde realizar deberes o estudiar.
Por eso, siempre que sea posible es mejor no volver de las vacaciones el día antes para disponer de un par de días para realizar la adaptación con más calma.
Hacer partícipes a los niños y niñas de los preparativos
Elegir la mochila, revisar el estuche o etiquetar los libros puede convertirse en una buena actividad para realizar en familia. Implicar a los niños y niñas en estos preparativos aumenta su motivación, les ayuda a conectar con la nueva etapa y les permite asumir responsabilidades. Pequeños gestos que fomentan su autonomía.
Y no hace falta comprarlo todo nuevo. Antes de hacerlo, revisa qué tienes del año anterior, qué se puede aprovechar y a qué se le puede dar un segundo uso.
Hay muchas formas de ser original y fomentar al mismo tiempo un consumo más sostenible y amigable con el planeta. Te proponemos dejar que tu hijo o hija personalice su material, un pasatiempo ideal para compartir tiempo de calidad y fomentar la creatividad.
Desde decorar las libretas y carpetas con materiales reciclados (recortes de revistas, papel de regalo sobrante, mapas viejos…) hasta fabricar un estuche DIY con recortes de tela, un cubilete portalápices con botes de conserva, un llavero con un tapón de corcho o un punto de libro con cartón.
Después de semanas compartiendo tiempo con otros niños y niñas, volver a la escuela también significa reencontrar a los amigos y amigas del colegio. Podéis aprovechar los primeros días para organizar una quedada con algún compañero o compañera fuera del horario escolar o, incluso, durante los días previos.
Esto da continuidad a la parte más social del verano y ayuda a que el regreso no se perciba como el fin de las vacaciones, sino como un reencuentro con personas y actividades que nos hacen ilusión.
Mantener la conexión familiar en el día a día
Después de las vacaciones puede ser tentador empezar el curso con muchas actividades: inglés, fútbol, danza, música, piscina… Las extraescolares son necesarias, pero también hay que dejar espacio para no hacer nada.
Un rato de juego libre, construir, dibujar, inventar una historia o jugar juntos puede ser una forma sencilla de fortalecer los vínculos familiares, especialmente en días en los que todo el mundo llega cansado.
9. COMPARTIR MÍNIMO UNA COMIDA EN FAMILIA
Desayunar, merendar o cenar en familia es una de las mejores formas de mantener la comunicación abierta. Estos momentos permiten explicar cómo nos sentimos, cómo nos ha ido el día, reforzar la sensación de pertenencia, compartir alegrías o preocupaciones y dar a los niños y niñas la atención que merecen.
Las rutinas a veces lo hacen difícil, pero, si es posible, intentad compartir al menos una comida. Más que buscar una conversación perfecta, se trata de crear un momento habitual de encuentro.
10. MANTENER PEQUEÑOS RITUALES DEL VERANO
Las rutinas no deben ser solo obligaciones. También podemos incorporar pequeñas costumbres que hagan sentir bien a toda la familia, especialmente aquéllas que nos han funcionado durante las vacaciones.
¿Qué rituales podemos continuar? Por ejemplo, el cuento antes de acostarse, la película de los viernes, el paseo de después de cenar, la tarde de juegos de mesa o el desayuno especial de los fines de semana. Son pequeños momentos previsibles que dan continuidad, crean recuerdos compartidos y nos alegran.
Acompañar y dar espacio a las emociones
Miedo, nervios, tristeza, pereza, expectación, ilusión… Debemos recordar que cada niño y niña vive la vuelta al colegio a su manera, al igual que los adultos lo hacemos con la vuelta al trabajo y a la rutina. Todas estas emociones pueden coexistir y debemos saber gestionarlo como padres y madres.
En lugar de intentar eliminar las emociones incómodas, crea espacios de conversación diarios para hablar de ellas. Pregunta qué le hace ilusión, qué le preocupa, con quién va a jugar en el patio o qué espera de este nuevo curso. Es importante validar todas las emociones sin juicios.
Y recuerda que hablar no es la única forma de expresarse. Colorear o dibujar son dos recursos expresivos ideales para niños y niñas más pequeñas o los más introvertidos. A través de ellos puedes detectar emociones o inquietudes que quizás no surgirían con una pregunta directa.
12. HABLAR DE LA ESCUELA Y LA RUTINA EN POSITIVO
Los adultos somos un modelo para los niños y niñas. Por eso es recomendable transmitir una visión positiva y realista de la vuelta a la rutina. En lugar de presentar septiembre como el final de las vacaciones, podéis hablar de todo lo que vuelve y que puede hacer ilusión: reencontrar amigos y amigas, conocer gente nueva, aprender nuevas cosas o volver a jugar por la mañana, entre otros.
Incluso puedes hablar de la parte más estimulante para ti de reanudar las rutinas del curso: hacer deporte, ver a los compañeros y compañeras de trabajo, comer una vez a la semana con tu mejor amigo o amiga, ir al parque, etc.
Naturaleza, movimiento y planes en familia
El contacto con el aire libre, el juego y el movimiento también son partes indispensables de la rutina (y unos grandes aliados en los períodos de adaptación). Y no hace falta esperar al fin de semana para ir a la montaña.
Salir al parque, dar un paseo después de la escuela, montar en bicicleta o salir a descubrir un bosque cercano ayuda a reducir tensiones, mejora el descanso y aumenta nuestro estado de ánimo. ¡Hacer deporte al aire libre con los niños y niñas tiene muchos beneficios!
Tampoco hay que esperar a las próximas vacaciones para cambiar de aires. Una escapada de fin de semana o puente puede ser una fantástica forma de salir de la rutina, disfrutar de la naturaleza y realizar actividades con tus hijos e hijas para alargar las buenas sensaciones del verano.
Y no hace falta que sea un gran viaje, al contrario, a veces una salida de proximidad en un entorno diferente es lo que necesitáis para encarar los primeros meses con energía renovada.
¿Más juego? ¿Más naturaleza? ¿Menos prisas? ¿Alguna escapada de vez en cuando? No hace falta hacerlo todo. Y si un día vamos a dormir más tarde, hay cansancio o mochilas olvidadas, no pasa nada. La rutina es una herramienta que debe facilitarnos el día a día, no exigirnos de más. Simplemente se trata de construir una adaptación paulatina y encontrar el ritmo que mejor nos va a todos y todas.
¡Feliz vuelta a la rutina!